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Oraciones Católicas

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Oración: Novena a San Martín De Porres

Oct 28, 2014


Oración Inicial Para Todos Los Días:

¡Oh Dios misericordioso, que nos disteis en el Bienaventurado Martín un modelo
perfecto de humildad, de mortificación y de caridad; y sin mirar a su condición, sino a la
fidelidad con que os servía, le engrandecisteis hasta glorificarle en vuestro Reino, entre
los coros de los ángeles! Miradnos compasivo y hacednos sentir su intercesión poderosa.

Y tú, beatísimo Martín, que viviste sólo para Dios y para tus semejantes; tú, que tan
solícito fuiste siempre en socorrer a los necesitados, atiende piadoso a los que, admirando
tus virtudes y reconociendo tu poder, alabamos el Señor, que tanto te ensalzó. Haznos
sentir los efectos de tu gran caridad, rogando por nosotros al Señor, que tan fielmente
premió tus méritos con la eterna gloria.

Amén.

(Rezar la oración correspondiente al día)

Oración Final Para Todos Los Días:

¡Oh Dios, que tan gloriosamente levantas a los abatidos y humildes, y tan generosamente
premias el sufrimiento y la caridad! Miradnos postrados ante Vos y glorificad a vuestro
humilde siervo San Martín, atendiéndonos en nuestras súplicas.

Y tú, hermano nuestro benditísimo, que ya te ves glorificado ante el trono del Señor,
ruégale por nosotros, tanto más dignos de compasión cuanto más necesitados.
Consíguenos las gracias que te pedimos, y que un día logremos la gloria del cielo, donde
vives bendiciendo a Dios en compañía de los Angeles y Santos por toda la eternidad.

Amén.



Día Primero (Orientación):

Al instruirse el niño Martín en las primeras nociones propias de su edad, comenzaba
también a conocer a Dios que ya desde entonces vino a ser la razón y divisa de su
conducta. Púsose luego bajo la enseñanza de un maestro que era barbero-cirujano, que en
aquel tiempo no sólo sabían el arte propio de la barbería, sino también el de curar las
enfermedades más Corrientes.

Preveía Martín el bien que podía prestar a sus prójimos, y así gustaba de tal oficio gozoso
de poder ser un día útil a sus semejantes. Donde se ve, cómo la Divina Providencia iba
orientando a su Siervo, preparándolo para los fines a que lo destinaba.

(Pídase La Gracia Que Se Desea)

(Padre Nuestro) (Tres Ave Marías) (Gloria)

Oración:

¡Oh feliz Martín, que, contento en tu condición de hijo de una esclava, te dejabas guiar
por la mano de Dios ya en tu niñez; haz que nos resignemos en todo a los designios de la
Providencia! A imitación tuya aceptamos gustosos la voluntad del Señor y sus designios
sobre nosotros.

Tú nos enseñas que si somos buenos con Él, Él será generoso con nosotros; he aquí que
queremos servirle fielmente. Ayúdanos tú, Martín bondadoso, y ruega por nosotros a tu
amado Jesús, Dios verdadero, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los
siglos de los siglos.

Amén.



Día Segundo (Fe en Dios):

Era tan firme la fe de fray Martín, que suspiraba pidiendo a Dios la gracia de morir por
defenderla. Por su parte empleaba el tiempo que le quedaba libre, en enseñar la doctrina
cristiana a los indios y negros en Lima; luego se iba a Limatambo, distante media legua
de la ciudad, y a otras haciendas vecinas, donde enseñaba a los humildes trabajadores y
esclavos, consolándolos en sus trabajos y enfermedades, e inspirándolos amor a la Cruz.

Hubiera querido multiplicarse, para llevar a todas partes el conocimiento de Dios. El
Señor le concedió la gracia especialísima, de actuar al parecer a la vez en dos lugares en
cuya virtud, le vemos instruyendo y consolando a los sufridos negros en el Africa y otros
lugares apartados.

(Pídase La Gracia Que Se Desea)

(Padre Nuestro) (Tres Ave Marías) (Gloria)

Oración:

¡Oh glorioso fray Martín, que desde tus primeros años aprendiste a andar por los caminos
del Señor, firme siempre tu fe en Dios, celoso por su gloria y salvación de las almas; haz
que vivamos esa misma fe, como hijos de Dios que somos! Ruega por nosotros, para que
te imitemos en la fidelidad, y alcánzanos las gracias particulares que sabes necesitamos,
ya que tanto puedes ante nuestro Rey Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los
siglos.

Amén.



Día Tercero (Mortificación):

Fray Martín, no obstante el conservarse en la gracia bautismal, se consideraba el peor de
los nacidos, e indigno del hábito que llevaba; y a imitación de su Santo Patriarca, oraba
casi toda la noche, disciplinándose hasta por tres veces de un modo cruel.
No perdía ocasión de humillarse, gozando cuando se veía despreciado o insultado.

Cuando le honraban personas distinguidas, corría a un lugar oculto, y se disciplinaba
duramente; si no se le proporcionaba lugar a propósito, se abofeteaba diciendo: "Pobre
infeliz ¿cuando mereciste?.., No seas soberbio; bien conoces que eres un ruin, que naciste
para esclavo de estos señores, y que sólo por amor a Dios pueden sufrirte tantos
religiosos santos."

(Pídase La Gracia Que Se Desea)

(Padre Nuestro) (Tres Ave Marías) (Gloria)

Oración:

¡Oh Dios misericordioso, que nos diste al humilde fray Martín, como ejemplo de
penitencia y mortificación; sednos propicio y olvidad nuestras infidelidades! Y tú,
purísimo Martín, que no sólo sufrías resignado tus trabajos y enfermedades, sino que
mortificabas duramente tu inocente cuerpo; alcánzanos del Señor el espíritu de
penitencia, con el cual, al menos, suframos con alegría les mortificaciones de nuestros
semejantes y nuestros propios males, para que, purificados de nuestros pecados, seamos
aceptables a Dios y acreedoras a tu poderosa protección.

Amén.



Día Cuarto (El Taumaturgo):

Eran continuos los prodigios del bienaventurado Martín socorriendo necesitados y
curando enfermos. Algunos eran remediados al invocarle estando ausente, y otros con
sólo tocar su ropa. Entre éstos, sucedió que visitando a don Mateo Pastor, que le ayudaba
en el socorro de los pobres, se hallaba su señora, doña Francisca Vélez, con un agudísimo
dolor de costado sin conseguir aliviarse con ninguna medicina.

Al llegar el Siervo de Dios, tomó el borde de su capa y lo acercó a la parte dolorida,
sintiéndose enteramente sana. Atónita exclamó: "¡Ah! Gran Siervo de Dios es fray Martín
pues el solo contacto de su ropa me ha sanado." Confundido fray Martín, le dijo: "Dios
sólo ha hecho esto, señora. Dé las gracias a Dios, pues yo soy un miserable y el mayor
pecador del mundo, Dios sea bendito, que toma tan vil instrumento para consolarla a
usted, y para que no pierda su valor el hábito de mi padre Santo Domingo, aunque lo
lleve tan gran pecador como yo.

(Pídase La Gracia Que Se Desea)

(Padre Nuestro) (Tres Ave Marías) (Gloria)

Oración:

¡Oh glorioso San Martín; bendecimos al Señor por el gran poder que se dignó otorgarte
concediéndote dominio sobre la vida y la muerte! Animados por la generosidad con que
derramas los dones de Dios, recurrimos a Ti con la mayor confianza.
Pide para nosotros más fe, más amor a Dios y les gracias que necesitamos. ¡Todo lo
esperamos de tu intercesión! y por los méritos de Jesucristo Nuestro Señor.

Amén.



Día Quinto (Padre de los Pobres):

Por la prontitud con que socorría fray Martín a los necesitados, le llamaban Padre de los
Pobres. En multitud de casos acudió milagrosamente al que le llamaba, enfermo o
necesitado. Entre otros, una pobre a la que él solía socorrer, se vio necesitada, con
urgencia, de cierta cantidad. No pudiendo ir a encontrarse con el Siervo de Dios, clamó
en estos términos, repetidas veces: "Hermano fray Martín, tu socorro me falta, y no puedo
participarte la gran aflicción en que me hallo".

Al cabo de una hora se presenta el caritativo bienhechor, precisamente con la cantidad
que ella necesitaba, diciéndole que no se afligiese pues Dios conocía las necesidades de
los pobres y sabía remediarlas.

(Pídase La Gracia Que Se Desea)

(Padre Nuestro) (Tres Ave Marías) (Gloria)

Oración:

Glorioso San Martín, siempre compasivo, padre de los pobres y necesitados; míranos con
piedad y ruega siempre por nosotros, que te invocamos con fe absoluta en tu bondad y en
tu poder. No nos olvides ante este Dios, a quien siempre serviste y adoraste. Padre, Hijo y
Espíritu Santo, a quien nosotros también queremos servir y adorar ahora y por toda la
Eternidad.

Amén.



Día Sexto (Amor de Dios):

Todo cuanto fray Martín hacía en sus prácticas y obligaciones y en relación con sus
semejantes, era efecto de su amor a Dios. Cuando oraba, pues, se hallaba como en su
centro, con frecuencia perdía el uso de los sentidos, quedando largo rato en éxtasis.
Muchos testigos dieron testimonio, de haberle visto repetidas veces elevado algunas varas
sobre el suelo, en su celda, en la Iglesia, y en la sala capitular conversando con la imagen
de Cristo Crucificado.

Si a esto añadimos la sublimidad del momento en que recibía a Jesús Sacramentado en
que se sentía como en una gloria anticipada, conversando íntimamente con su Dios, no
nos extrañará el que, aceptando Dios tan grande amor, hiciera tan poderoso a su fiel y
amante Siervo.

(Pídase La Gracia Que Se Desea)

(Padre Nuestro) (Tres Ave Marías) (Gloria)

Oración:

¡Oh Dios mío, que tan generoso sois con quien os ama con sinceridad de corazón; os
amamos, pero deseamos amaros más y más! Haced que por intercesión de San Martín,
aumente nuestro amor a Vos. Y tú, Martín benditísimo, ruega por nosotros, alcánzanos el
amor puro de Dios, que nos hará dulce el vivir según su ley. Consíguenos también las
demás gracias que sabes necesitamos y esperáramos por tu intercesión poderosa y los
méritos de Nuestro Señor.

Amén.



Día Séptimo (Al Cielo):

Reveló Dios al bienaventurado Martín el día y hora de su muerte mostrándose él, desde
entonces, más jovial y contento. Cayó enfermo, y ya no pensó más que en su Dios, sobre
todo después de recibir el Santo Viático, sin engreírle las visitas que llegaban a su
penitente lecho de tablas.

Autoridades, prelados, dignidades eclesiásticas y hasta el mismo Virrey Don Luis
Fernández de Bobadilla, iban a dar sus últimos encargos para el Cielo a aquel
humildísimo siervo fiel, que con frecuencia estaba en éxtasis, arrobado en el amor de
Dios, a quien siempre había servido.

Se cantó el credo y al decir aquellas palabras: "Se encarnó por el Espíritu Santo de la
Virgen María y se hizo hombre", acercó al pecho el Crucifijo que tenía en sus manos, y
cerró suavemente los ojos. Todos lloraban.. El Arzobispo exclamó: "Aprendamos a
morir".

(Pídase La Gracia Que Se Desea)

(Padre Nuestro) (Tres Ave Marías) (Gloria)

Oración:

¡Oh dichoso San Martín, que viste coronados tus trabajos, tus mortificaciones, tu caridad
y tu amor a Dios con una muerte feliz!, ¡Ten compasión de nosotros! Todos te lloran. Los
necesitados y enfermos creen perder un padre compasivo y el remedio de sus males, y
dan rienda a su dolor llorando tu muerte; pero luego ven que tú no los abandonas; te
llaman y tú sigues socorriéndolos y aliviando sus males.

El estar más cerca del Señor, glorioso San Martín ha aumentado tu poder. Oye, pues,
también nuestras humildes súplicas, pidiendo al Señor por nosotros para que atienda
nuestros ruegos. Y que nuestra muerte sea la de los justos por tu intercesión y los méritos
de Nuestro Señor Jesucristo.

Amén.



Día Octavo (Depués del Transito):

Después de la muerte de fray Martín, los milagros se multiplican. El propio Notario del
proceso, don Francisco Blanca, se hallaba con una llaga en un pie, con gran hinchazón en
la pierna y grandes dolores. Tenía que actuar al día siguiente. Invocó al Santo y al
momento quedóse dormido; al amanecer se halló perfectamente bien, sin hinchazón, y la
llaga seca y sana.

Entre otros prodigios, fueron muchos los casos de señoras que, no pudiendo naturalmente
dar a luz lo consiguieron con felicidad al encomendarse al Siervo de Dios fray Martín.
Así aconteció a una esclava de doña Isabel Ortiz de Torres, a doña María Beltrán, otra
señora de Arequipa, desahuciada de los médicos, a la que aplicaron una carta de fray
Martín, y particularmente, a doña Graciana Farfán de los Godos, a quien libró de una
infección y muerte segura.

(Pídase La Gracia Que Se Desea)

(Padre Nuestro) (Tres Ave Marías) (Gloria)

Oración:

¡Oh bienaventurado Martín! Si, en la tierra vivías sólo para Dios y para tus semejantes,
hoy, que te hallas ya junto al trono de la bondad y la misericordia, puedes disponer mejor
de sus tesoros. Si aquí conocías donde estaba la necesidad para remediarla, mejor la ves
desde el Cielo donde moras.

Mira, pues, Martín bondadoso, a los que a ti acudimos con la segura confianza de ser
oídos. No defraudes las esperanzas de los que nos gozamos en verte ensalzado en la
tierra, como Dios te ensalzó llevándote a su gloria.

Amén.



Día Noveno (Apoteosis):

Examinada en Roma la portentosa vida del Siervo de Dios fray Martín y a instancia del
Rey Felipe IV y de todos los elementos vitales de la ciudad de Lima, envió el Pontífice
las cartas remisoriales, nombrando jueces apostólicos para formar el proceso solemne.

Se comunicó a la ciudad tan fausta noticia en la Catedral, en solemne función, con
asistencia del Virrey, Arzobispo, demás autoridades civiles, militares y eclesiásticas e
inmensidad de público que no cabía en el gran templo; todos derraman copiosas lágrimas
de gozo, pues se acercaba el tiempo de ver beatificado y canonizado a su querido fray
Martín.

Unos y otros referían sus virtudes y los milagros obrados por Dios para confirmar el
concepto de Santo en que todos le tenían. Hecho el proceso, y firmado por más de ciento
sesenta testigos de hechos milagrosos, se cerró y selló ante el pueblo. Emocionado el
Arzobispo derramando abundantes lágrimas, dijo: "Así honra Dios a este hombre de color
que supo servirle y amarle de corazón".

El 29 de octubre de 1837 fue beatificado por el Papa Gregorio XVI. La gloriosa
canonización ha sido el digno remate de un laborioso trabajo intensificado en los últimos
treinta años. S. S. Juan XXIII inscribió en el catálogo de los santos a fray Martín, el 6 de
mayo de 1962.

(Pídase La Gracia Que Se Desea)

(Padre Nuestro) (Tres Ave Marías) (Gloria)

Amén.

Autor: E. Pérez Hermida y fue publicada en un folleto por el "Secretariado Martín de Porres" de Palencia. (España)

Oraciones Católicas Oracion: Novena a San Martín De Porres

 

 

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