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Oraciones Católicas

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La Oración De Jesús

Dec 5, 2014


El Padre Nuestro, llamado con justicia la sintesis del Evangelio, adquiere mayor profundidad a medida que meditamos en el.  “Padre nuestro que estas en el cielo, santificado sea tu nombre; venga tu reino; hagase tu voluntad en la tierra como en el cielo; danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación y libranos del mal”  Amén.

“Orad, por tanto, de esta manera:  Padre nuestro, que estas en el cielo, santificado sea tu nombre”.

Asi enseña Jesucristo esta oración en el Evangelio de San Mateo, y desde entonces ha sido la alegría y el consuelo de sucesivas generaciones, como también piedra angular del culto y la enseñanza cristiana, catolicos y protestantes la reverencian profundamente.  Compuesta y transmitida por el Señor, es el modelo perfecto de plegaria.  Ninguna otra es tan hermosa, ni abarca tanto; ninguna nos une tan intimamente a Dios.

El Nuevo Testamento consigna dos versiones del Padre Nuestro.  El Evangelio de San Mateo nos ofrece el texto mas largo que comprende siete peticiones separadas, y este fué desde un principio el utilizado en la liturgia cristiana.  Según San Lucas, Cristo lo improviso como respuesta a la petición de uno de sus discipulos:  “Señor, enseñanos a orar”.  Las tradicionales plegarias Hebreas que los futuros apostoles habían repetido desde su niñez ya no les satisfacían.  Y aunque el Padre Nuestro emplea muchos elementos Hebreos, Jesucristo (con el acierto de la inspiración) virtió vino en los antiguos odres.  
Pues la oración que El enseño es revolucionaria, su brevedad, fervor y sinceridad la apartan de las vanas repeticiones de los rezos paganos.  No es extraño, por tanto, que los primeros cristianos la recibieran gustosamente.  Antes de cumplirse un siglo de la muerte de Jesus, ya era elemento basico de la liturgia, y todos los cristianos debían recitarla tres veces al día.  Esta oración, tan admirablemente compuesta y sutilmente equilibrada, adquiere mayor profundidad y significación cuanto mas pensamos en ella.

Padre Nuestro….Estas primeras dos palabras crean un estado de animo.  Nos acercamos a Dios con siceridad, apartados de las diarias preocupaciones y le llamamos ABBA, palabra que en Araméo, lengua materna de Jesus, mas que Padre significa “Papa”, y era termino que el mismo utilizaba.  No se advierten indicios del temor con que un pueblo receloso se dirigía a su Creador.  Damos por sentada la benevolencia divina.  Se establece entre suplicante y oidor una relación de confianza.  Llegamos como niños a tratar con El asuntos de familia.  Al autorizarnos a acercarnos a Dios de este modo, Jesucristo hace extensivos a nosotros los beneficios de su propia relación intima con el Padre.

Que estas en el cielo, santificado sea tu nombre….Sin embargo, Dios todopoderoso esta en su cielo; lo sabe todo y vela sobre su creación desde las alturas.  Nuestros pensamientos deben elevarse a El.  Y entonces rogamos que su nombre, y por tanto su sagrada persona, sean siempre sagrados para todos los hombres.  Esta suplica, inspirada por una profunda necesidad religiosa, es anticipación de las dos siguiente.

Venga tu reino….Toda la esperanza humana esta concentrada aquí.  El reino de Dios es el tema central del Nuevo Testamento y de nuestra oración.  Compartimos con los primeros cristianos las ansias de ese enterno estado de bienaventuranza pura en la cual, según las celebres palabras de San Pablo, “Ya no veremos a Dios a traves de un cristal empañado, sino cara a cara”.  Y las fuerzas redentoras ya comienzan a obrar.  Pues no comparo Jesus el reino a un grano de semilla de mostaza que se convertira en arbol?  Al pedir a Dios que plante en nosotros una pequeña semilla de su reino aquí y ahora, nos indentificamos conscientemente con esa fuerza primigenia y culta que se convertira en el todo.  “En verdad os digo que el reino de Dios esta dentro de vosotros”.  Nuestra plegaria se tranforma entonces en un firme compromiso que nos hace participes del gran proyecto del Señor.

Hagase tu voluntad en la tierra como en el cielo….Esta tercera suplica completa nuestro anhelo de exaltar el alma.  Implica una promesa de mensedumbre y resignación, pues no podemos conocer la voluntad de Dios, y acaso debamos acatarla tal como se manifieste.  También nos encaramos entonces con el verdadero sentido de la oración.  No oramos tanto para obtener determinados favores (“Pues vuestro Padre sabe las cosas que necesitais antes que se las pidais”), sino para integrar nuestros deseos humanos a nuestra vida entera en los inescrutables designios del Creador.

Danos hoy nuestro pan de cada día….En nuestras tres primeras suplicas hemos mantenido los ojos fijos en el cielo.  Ahora pedimos cosas relacionadas con nuestro bienestar material y espiritual.  Nada mas natural que pedir a Dios, que nos concedio la vida, que nos ayude a conservarla proporcionandonos el pan diario.  El pan era la base de la alimentación Judía en la epoca de Cristo; los pobres y oprimidos, entre los cuales El vivía, no esperaban mucho mas para nutrirse.  Por ello se convirtió en el simbolo de la subsistencia.  Según San Lucas dice pedimos pan “Para que Dios nos conceda alimento y bebida, ropa, casa y hogar y un cuerpo sano; para que haga crecer las sementeras y las frutas del campo….y para que nuestra labor de buen resultado”.  Aunque Dios puede muy bien darnos esas bendiciones sin que se las pidamos, agrego el gran reformador, desea que reconozcamos que proceden de El, pues son indicio de su preocupación del Padre.

Perdona nuetras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden….A primera vista la quinta suplica parece solicitar un convenio de toma y daca.  Pedimos a Dios que nos perdone nuestras ofensas (San Lucas dice “Nuestros pecados”) como nosotros perdonamos a nuestros ofensores.  Al enseñarnos esta plegaria, Jesus penso acertadamente que ningún hombre puede vivir sin pecar, ni sin hacer daño a su projimo.  Por eso, y reconociendo estas en deuda con la propia conciencia y con Dios, confesamos ser pecadores y solicitamos su misericordia.  Pero como podriamos esperar el perdón si cuando se trata de nuestros deudores les exigimos el ciento por uno?  Aquí el Padre Nuestro entraña un mensaje civico; nos enseña que es nuestro deber mantener la paz; entendernos armoniosa y alegremente con nuestros vecinos.  De este modo la regla de oro de hacer al projimo lo que deseariamos que este nos hiciera a nosotros adquiere una nueva dimensión.  Esta oración la hace parte de nuestro deber y haber ante Dios.

No nos dejes caer en tentación….Por desgracia, “El espíritu esta pronto, mas la carne es flaca”.  Al pedir a Dios que no nos deje caer en tentación, confesamos que nuestra carne se inclina hacia el mal.  Colocados entre el bien y el mal, pedimos al Padre que nos auxilie; que nos exima de la prueba.

Y libranos del mal….Casi en el mismo aliento y con igual ansiedad, preferimos esta ferviente suplica.  En su mayoría los estudiosos de la Biblia suponen que “el mal” se refiere “al malvado”, a satanas.  Otros ven en ella la fuerza impersonal y destructora que amenaza nuestra salvación eterna.  La diferencia nos afecta al profundo sentido de la ultima petición.  Rogar al Señor que libre a la humanidad del mal, que estalla en torno nuestro en un pandemonium de violencia y crimen, es una de las suplicas mas apropiadas para nuestra epoca.  De este modo, nuestra vision final de un mundo luminoso, libre de tentación, pecado y mal, se vincula con la plegaria inicial “Venga tu reino”, nuestra oración ha descrito un circulo perfecto.

Amén….El Señor nos ha oido, Asi Sea! Hemos tardado unos 20 segundos en pronunciar las 53 palabras de la oración.  Durante ese tiempo pocos han advertido que un vocablo muy corto, “Yo”, no se ha mencionado.  Nada indica con mayor claridad el espíritu con que hemos orado.  No hay aquí lugar para el egoismo.  Nos hemos dirigido al Creador como individuos de la hermandad humana; lo que pedimos para nosotros, lo pedimos también para el projimo.

Es el Padre Nuestro la mejor de las oraciones?  Jesucristo nunca quiso imponerla al mundo como formula exclusiva que sustituyera expresiones tan profundamente humanas como las oraciones de acción de gracias; plegarias por amigos en peligro, por la cura de las enfermedades, por la seguridad en los viajes, por la justicia, la libertad y la paz.  Con todo, el Padre Nuestro es la unica oración que Jesus enseñó, y la inspiración divina le da valor intrinseco.  Como acto de devoción abarca todas nuestras necesidades principales, tanto del alma como del cuerpo.  Es una oración para todo tiempo, y no es extraño que millones de creyentes la reciten con regularidad.  No pasa un minuto sin que el Padre Nuestro se eleve desde alguna parte al cielo.  Con esta oración toda la cristiandad loa al Creador.

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